A LOS LECTORES

En este blog se intentará rememorar viejas glorias del deporte nacional y mundial, como así también grandes momentos que, en tiempos tan vertiginosos, llevan a más de un desmemoriado a interpretar el presente sin incurrir en el pasado (arma vital para comprender la actualidad y prever el futuro).

martes, 4 de septiembre de 2007

Un scrum de 17 almas

Diecisiete vidas. Diecisiete sueños con una ilusión que no perjudicaba a nadie y llenaba sus corazones cada vez que entraban a la cancha. Deporte característico por la garra y el empuje. Hecho para unos pocos que son capaces de dar la vida en un scrum, que son capaces de arriesgarse el todo por el todo por conseguir un try, que por amor a la camiseta y a los colores que la pintan no veían un límite cercano. La pasión era suficiente para ellos.
De otro lado, oscuro de por sí, había una dictadura militar, la más cruel, terrible y descarada de la Historia Argentina que mató 30.000 inocentes, entre a ellos a veintitrés rugbiers, de los cuales diecisiete jugaban en La Plata Rugby Club.
Hernán Rocca, Mariano Carlos “Mane” Montequín, Otilio Pascua, Pablo Alberto “Turquito” Balut, Santiago “El Chueco” Sánchez Viamonte, Jorge Moura, Rodolfo Jorge Axat, Alfredo Reboredo, Luis “Luti” Munitis, Marcelo “Beto” Bettini, Abel Vigo, Eduardo “Manopla” Navajas, Mario Mercader, Pablo del Rivero, Enrique “Shortorn” Sierra, Hugo “Pinino” Lavalle y Julio “Choclo” Alvarez.

Diecisiete compañeros de la vida y amigos del deporte que se divertían con una pelota ovalada y pagaron con su sangre los caprichos y las locuras de Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti y tanto otros.
Cinco hombres comprometidos con la vida, preocupados por mejorar un país que necesitaba un cambio defendieron ideas que les contó la vida:

Hernán Rocca, era un medio scrum que estaba viviendo uno de los mejores momentos de su vida como rugbier. Era titular en la cuarta división de La Plata Rugby Club y estaba haciendo sus primeras presentaciones en el primer equipo con un desempeño asombroso. Tuvo la desgracia de que en abril de 1975, cuando un grupo paramilitar fue a su casa, lo confundieran con su hermano Marcelo que militaba en la organización guerrillera peronista Montoneros. Al día siguiente, los secuestradores volvieron con la intención de buscar a Marcelo Rocca quien había escapado. La noche anterior Hernán había sido asesinado en “La Balandra”, un balneario cercano a la ciudad de Magdalena al sur de la ciudad de La Plata. El hijo de Santiago Sánchez Viamonte, Diego, lo cuenta en el libro “Deporte, La Dictadura y los Desaparecidos” de Gustavo Veiga: “Lo de Hernán fue como un bombazo, porque era un jugador vigente, de la Primera, que un día estaba y al otro día lo mataron”.
Hernán Rocca fue el primer desaparecido de los jugadores de su club.
Mariano Carlos Montequín, más conocido como “Mane”, había sido jugador del club, pero cuando lo raptaron, se había alejado del rugby porque tenía intenciones de avanzar en el estudio universitario. Fue secuestrado el 6 de diciembre de 1977, cuando tenía 27 años, por miembros del Grupo de Tareas 3. Montequín estaba casado con Patricia Villar quien, junto a una amiga (Virginia Casalaz) también fue secuestrada. Fue secuestrado por militar en el Partido Comunista Marxista Leninista. ¿Por qué lo hacía? es lo que todavía se pregunta el hijo de Pablo Balut –desaparecido y miembro del partido- y está haciendo una investigación histórica sobre dicha organización. Los paraderos de la pareja y de Casalaz se desconocen aún. Gente que también sufrió la detención aseguran que “Mane” estuvo en los centros clandestinos conocidos como “Club Atlético”, luego pasó a “El Banco” y después tuvo su traslado final en mayo de 1978. Su departamento quedó en custodia de la Seccional 37º de la Policía Federal y fue clausurado con una faja del Ejército.
Otilio Pascua formó parte del famoso equipo de la década del ’70 junto a Santiago Sánchez Viamonte (desaparecido) y del Partido Comunista Marxista Leninista con Montequín, Sánchez Viamonte y Balut. A Pascua intentaron secuestrar el 24 de diciembre de 1975 en la casa de sus padres cuando trabajaba en al Municipalidad de La Plata. Afortunadamente, no lo encontraron, pero este hecho significó que se mudara a Mar del Plata.
El secuestro definitivo se llevó a cabo el 24 de octubre de 1977 cuando Otilio Pascua estuvo de visita en la casa de su amigo y ex compañero de equipo Sánchez Viamonte que compartía con su esposa Eguía Benavídez y un grupo de tares allanó el domicilio del matrimonio y detuvieron a los tres.
Cuatro meses después, Pascua apareció muerto en una bajante del Río Luján con las manos atadas en la espalda y un peso en los pies. Según la policía el cadáver había estado más de un mes en el agua junto a otro cuerpo de sexo femenino.
Pablo Alberto Balut estaba casado con Diana Inés Montequín, casualmente la hermana de Mariano y fue secuestrado el 24 de octubre de 1977 (dos días antes del cumpleaños de su hijo) en la casa de Sánchez Viamonte junto a Pascua. Balut, comenzó a militar luego de la desaparición de Hernán Rocca en el PCML. “Fue como un click que le hizo en la cabeza”, cuenta Pablo Balut (hijo) al diario Pagina/12, quien milita en H. I. J. O. S. de La Plata. Diana Inés Montequín, también sufrió la dictadura en carne propia a pesar de que no militaba: se entregó en el Regimiento 7 de la Plata a pedido de sus padres cuando unos represores allanaron su domicilio, fue sometida a una parodia de juicio, fue sobreseída y luego liberada.
Santiago Sánchez Viamonte era un estudiante de arquitectura y amante del rugby como pocos. Era medio scrum e integró el plantel de Primera División por tres años. Con Otilio Pascua formaban la pareja de medios. Para los que lo vieron jugar, fue, es y será el mejor jugador de la historia de La Plata Rugby Club. “El Chueco dejó una huella. Era medio scrum, pero jugaba de apertura, insider, de cualquier cosa. Cuando aparece un pibe de las inferiores con perfil de crack, se dice que es tan bueno como “El Chueco”. Él es el límite”, asegura Diego, hermano de Santiago, veterinario.

Santiago Sánchez Viamonte fue secuestrado junto a su esposa, Eguía Benavídez –además de Balut y Pascua-. El matrimonio fue trasladado al Centro Clandestino de Detención Base Naval de Mar del Plata. Luego, a otro lugar conocido como “El Banco” (ubicado en el Partido de La Matanza).
La pregunta que queda resolver es ¿Por qué ellos? El 74% de los rugbiers desaparecidos jugaban o lo habían hecho en La Plata Rugby Club. La única respuesta más o menos acertada la dijo Raúl Barandarian, ex jugador del club, en
una nota en el diario Página/12: “No puedo explicarlo racionalmente. Siempre me preguntó por qué fue el único club que sufrió tanto. Cuando nosotros empezamos a jugar en los años ’60 y pico, éramos egresados del Colegio Nacional, que depende de la Universidad de La Plata. Y entre los jugadores desaparecidos creo que no hay estudiantes de escuelas privadas. Nosotros crecimos en la educación pública. Después fuimos a las facultades del estado. Todos militábamos y teníamos un alto grado de compromiso con lo que pasaba”.

Fuentes: Pagina/12 - díasderugby.com.ar

sábado, 14 de julio de 2007

El atletismo con aroma de mujer

“A los chicos no les daba bolilla, mi único novio era el deporte, y ni siquiera iba a bailar”. Esa frase sonaría rara en cualquier mujer actual, globalizada, invadida por las revistas de belleza y la coquetería. Pero para Noemí Simonetto, en 1940, era un estilo de vida apasionante.
Cuando se nombra a Noemí Simonetto, se hace referencia a una eminencia del deporte nacional femenino. La atleta porteña integra un trío particular en el olimpismo argentino junto a la nadadora Jeannette Campbell y la tenista Gabriela Sabatini: son las únicas mujeres que consiguieron medalla de plata en especialidades individuales en Juegos Olímpicos.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la delegación argentina, con 350 representantes, de los cuales sólo 11 eran mujeres, partió desde el puerto de Buenos Aires en un barco llamado “Brasil” con destino a Londres, para disputar la máxima cita deportiva a nivel mundial.
Simonetto, con 22 años, era criticada por los periodistas que le sugerían que se dedicara a una sola disciplina y, de esta forma, tratara de mejorar sus marcas. Pero a Noemí le gustaban “todas las disciplinas”, y en casi todas tenía record sudamericano.
En Londres 1948, Simonetto estaba anotada en cuatro pruebas, pero la idea fija era ganar los 80 metros con vallas. Finalmente llegaría a las semifinales, donde por un fallo polémico quedaría tercera, detrás de la francesa Mongirou, quien se cruzó de andarivel y la chocó para quedar segunda. Para Noemí quedaba el salto en largo como posibilidad de medalla.
El estadio Wembley se preparaba para recibir al salto en largo femenino por primera vez en los Juegos Olímpicos, por lo que se estipuló una marca mínima a superar para pasar a la final: 5,3 metros. Esa marca sólo fue superada por Simonetto y dos atletas más, por lo que los organizadores clasificaron “de favor” a cinco competidoras más.
De esas cinco competidoras saldría la medalla dorada. La húngara Olga Gyarmati, quien con un salto de 5,695 metros relegaría al segundo lugar a la atleta argentina, que saltó 5,605 metros. “Hubo un salto que no me quisieron contabilizar. Nunca supe por qué, pero no protesté porque no hablaba inglés”, manifestó Simonetto. Finalmente fue medalla de plata, pero fue el pueblo argentino quien la condecoró con el reconocimiento. Y el reconocimiento se pesa como onzas de oro.
*Declaraciones sacadas de Revista Mística.

martes, 29 de mayo de 2007

Un Bronce que vale Oro

Cuando se dice “voley” en Argentina, es inevitable que en el recuerdo de cada persona esten Hugo Conte, Daniel Castellani, Jon Uriarte, Waldo Kantor…
Estas mismas caras –junto a otras más- fueron protagonistas de un hecho histórico para el vóleibol argentino y el deporte nacional: la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
Sin viáticos ni premios, pero con mucha pasión y orgullo, esa Selección salió del aeropuerto de Ezeiza con el objetivo puesto de que, a la vuelta, algún metal iba a colgar de sus cuellos.
El debut, en el Grupo B, ante los turcos no podía ser otra cosa más que un trámite, y de hecho, así lo fue: 15-5, 15-11, 15-6. Dando, de esa forma, el primer pasito de un trayecto largo y duro…muy duro.
Japón, otro rival a vencer que, en los planes, se contaba como ganable, fue difícil, pero fue alegría. 3-1: 15-11, 15-12, 11-15, 15-11.
Ahora, la situación era otra, los pasos más fuertes – y los equipos más fuertes- estaban por venir. El primero de ellos: Estados Unidos, último campeón del mundo
El comienzo argentino fue un sueño: 2-0…el final una pesadilla: 2-3, con parciales de 15-11, 15-11, 4-15, 15-17 y 7-15. De todos modos, la actuación argentina dejó lugar para ilusionarse y esperar dos días para enfrentar a Holanda.
El 24 de septiembre se hizo desear: truco, mates, dados, sobremesas largos…48 largas horas para empezar a entrar a la historia.
El partido llegó. 3-0 arrasador y la mejor actuación del equipo de Luis Muchaga en toda la competencia. 15-11, 15-7, 15-8. Se vio el primer abrazo de corazón, un abrazo que prometía…un abrazo que aseguraba a Argentina en las semifinales, a pesar de que todavía quedaba enfrentarse a Francia.
La relajación, la alegría, la emoción, pudieron con el conjunto nacional y vivieron la primer derrota. 3-0 contra los franceses, con parciales de 7-15, 5-15, 5-15. Pero no importaba, La Celeste y Blanca ya estaba entre los cuatro mejores del mundo.
El turno, en semifinales, era la Unión Soviética, ganadora del Grupo A. Una muralla imposible de romper para los atacantes argentinos. La derrota era lógica: 0-3, con parciales de 11-15, 17-15 y 8-15.
“Tranquilidad al terminar el partido ante los soviéticos y bronca al comenzar el encuentro ante Brasil por el bronce fue la clave para lograr la hazaña”, aseguró Waldo Kantor con el metal que se habían propuesto entre sus manos.
Brasil-Argentina, clásico sudamericano por donde se lo mire. La Generación del ’82 fue más y pudo con el conjunto carioca en medio de un partido con sabor a final y con varios altibajos. Fue 3-2: 15-10, 15-17, 15-8, 12-15 y 15-9. Después del punto final, cuando Carlao, opuesto brasileño, se elevó por la punta y tiró la pelota afuera, no tardaron en caer las primeras lágrimas que ponían fin a diez años de trabajo y escribía un renglón importante el la historia de deporte nacional. Argentina era bronce en Seúl 1988… un bronce que valía oro.

Plantel del seleccionado argentino de vóley en Los Juegos Olímpicos de Seúl 1988: Claudio Zulianello, Daniel Castellani, Esteban Martínez, Alejandro Diz, Daniel Colla, Javier Weber, Hugo Conte, Waldo Kantor, Raul Quiroga, Jon Uriarte, Esteban de Palma, Juan Carlos Cuminetti DT: Luis Muchaga. PF: Marcelo Benza. Médico: Juan Carlos Sosa.

EL ABRAZO DEL ALMA

EL ABRAZO DEL ALMA