Estas mismas caras –junto a otras más- fueron protagonistas de un hecho histórico para el vóleibol argentino y el deporte nacional: la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

Sin viáticos ni premios, pero con mucha pasión y orgullo, esa Selección salió del aeropuerto de Ezeiza con el objetivo puesto de que, a la vuelta, algún metal iba a colgar de sus cuellos.
El debut, en el Grupo B, ante los turcos no podía ser otra cosa más que un trámite, y de hecho, así lo fue: 15-5, 15-11, 15-6. Dando, de esa forma, el primer pasito de un trayecto largo y duro…muy duro.
Japón, otro rival a vencer que, en los planes, se contaba como ganable, fue difícil, pero fue alegría. 3-1: 15-11, 15-12, 11-15, 15-11.
Ahora, la situación era otra, los pasos más fuertes – y los equipos más fuertes- estaban por venir. El primero de ellos: Estados Unidos, último campeón del mundo
El comienzo argentino fue un sueño: 2-0…el final una pesadilla: 2-3, con parciales de 15-11, 15-11, 4-15, 15-17 y 7-15. De todos modos, la actuación argentina dejó lugar para ilusionarse y esperar dos días para enfrentar a Holanda.
El 24 de septiembre se hizo desear: truco, mates, dados, sobremesas largos…48 largas horas para empezar a entrar a la historia.
El partido llegó. 3-0 arrasador y la mejor actuación del equipo de Luis Muchaga en toda la competencia. 15-11, 15-7, 15-8. Se vio el primer abrazo de corazón, un abrazo que prometía…un abrazo que aseguraba a Argentina en las semifinales, a pesar de que todavía quedaba enfrentarse a Fra
La relajación, la alegría, la emoción, pudieron con el conjunto nacional y vivieron la primer derrota. 3-0 contra los franceses, con parciales de 7-15, 5-15, 5-15. Pero no importaba, La Celeste y Blanca ya estaba entre los cuatro mejores del mundo.
El turno, en semifinales, era la Unión Soviética, ganadora del Grupo A. Una muralla imposible de romper para los atacantes argentinos. La derrota era lógica: 0-3, con parciales de 11-15, 17-15 y 8-15.
“Tranquilidad al terminar el partido ante los soviéticos y bronca al comenzar el encuentro ante Brasil por el bronce fue la clave para lograr la hazaña”, aseguró Waldo Kantor con el metal que se habían propuesto entre sus manos.
Brasil-Argentina, clásico sudamericano por donde se lo mire. La Generación del ’82 fue más y pudo con el conjunto carioca en medio de un partido con sabor a final y con varios altibajos. Fue 3-2: 15-10, 15-17, 15-8, 12-15 y 15-9. Después del punto final, cuando Carlao, opuesto brasileño, se elevó por la punta y tiró la pelota afuera, no tardaron en caer las primeras lágrimas que ponían fin a diez años de trabajo y escribía un renglón importante el la historia de deporte nacional. Argentina era bronce en Seúl 1988… un bronce que valía oro.
Plantel del seleccionado argentino de vóley en Los Juegos Olímpicos de Seúl 1988: Claudio Zulianello, Daniel Castellani, Esteban Martínez, Alejandro Diz, Daniel Colla, Javier Weber, Hugo Conte, Waldo Kantor, Raul Quiroga, Jon Uriarte, Esteban de Palma, Juan Carlos Cuminetti DT: Luis Muchaga. PF: Marcelo Benza. Médico: Juan Carlos Sosa.